[equinux] Van Damme y el Niño Divino
Jorge Luis Tinitana Gavilanes
kfirmad en gmail.com
Lun Nov 6 09:41:18 EST 2006
Van Damme y el Niño Divino
El bus que sale de Ibarra a Quito va casi vacío y esa es una mala noticia:
las dos horas y media de viaje se convertirán en tres y media o cuatro,
porque el chofer detendrá el vehículo en cada parada y en cada pueblo para
recoger pasajeros.
Junto a mí viaja una adolescente que vende DVDs pirateados. Tiene muy
buenos títulos de películas, pero estoy seguro de que deben ser tan malas
las copias que ni siquiera se las podrá ver. A cincuenta centavos de dólar
un DVD con cuatro películas. Imposible. Le compro uno aunque sé que no lo
usaré. Me apena que no esté en el colegio, que no estudie, que su futuro
dependa de un delgado hilo donde la idea es estafar a los incautos para
ganar unos miserables centavos. Dice que va a un colegio nocturno en
Otavalo, pero sé que lo dice para salir del paso.
Cerca de Otavalo suben y se sientan en los asientos delanteros nueve
indígenas.
Van callados y cabizbajos, se protegen del intenso frío con sus sombreros,
sus gruesos ponchos de lana azul y sus bufandas de colores.
En Cayambe, dos asientos delante del mío se ubica una pareja. A su lado,
una señora mayor, de aspecto muy humilde.
La ventana húmeda del lento bus me deja ver un cielo gris, pesado y denso
que, sin embargo, no logra apagar la belleza del paisaje andino: sus
sembríos, su maíz, sus habas, sus cebollas, sus árboles, su intenso verdor.
La carretera también es gris. Parece un espejo horizontal y envejecido,
sombrío, animado tan solo por las gotas de lluvia que no cesan de caer.
En el televisor, el ayudante del chofer pone una película de Van Damme.
La historia es previsible, pero atrae a la mayoría de pasajeros, los
emboba.
Es un ex soldado norteamericano que fue dado de baja y encerrado en
un centro psquiátrico durante seis meses, acusado de matar a cuatro soldados
en Irak.
A una bella mujer negra, que lo comprende y que termina contratándolo como
guardaespaldas, Van Damme le cuenta su verdad: disparó contra un árabe
terrorista pero este tenía explosivos en su cintura y voló toda la mezquita.
Murieron veinte árabes y cuatro soldados gringos.
Pero como para Van Damme todo árabe es terrorista, no importa el número de
iraquíes desaparecidos. Su trauma se limita a lo que hizo involuntariamente
contra sus compañeros.
La historia trata de convencernos de que la causa gringa en Irak es noble y
la figura de Van Damme -guapo, valiente, temerario, honesto- quiere
proyectar la legitimidad de la invasión norteamericana. La gente del bus,
casi toda, mira obnubilada la película.
Sube al bus un individuo mestizo, casi indio, casi cholo, casi
negro. Reparte hojas volantes que apoyan al Niño Divino. Va a dar casas,
dice, va a entregar créditos a los pobres. Al fin todos podremos trabajar,
afirma.
La mayoría deja de ver a Van Damme. El ayudante del chofer detiene el DVD.
Algunos se interesan en la oferta. Piden un formulario para inscribirse en
las casas y en los créditos.
Me niego a pensar que esa gente tiene la culpa. Quiero pensar que votarán
por el Niño Divino porque carecen de capacidad de análisis, de reflexión, de
sentido de país, porque el Estado, a propósito, para mantenerlos sometidos,
no los ha educado, no les ha dado herramientas de lectura crítica de la
realidad, de cuestionamiento a quienes le han mentido y le mienten desde la
colonia.
Son pobres, muy pobres. Uno de ellos me dice que no desean escuchar bonitos
discursos sino ofertas concretas.
Van Damme promete la pacificación del Medio Oriente y hay que agradecérselo
porque matando árabes se curará su trauma y el trauma del mundo occidental.
Al Niño Divino, que dice hará un gobierno como el de Ronald Reagan, también
hay que agradecerle: jura por Dios que perdonará nuestras ofensas mientras
ofende al pueblo con las sillas de ruedas y las computadoras adquiridas con
el dinero de los impuestos que no paga, mientras amenaza con represión a
todos los que no comulgamos con él.
La gente del bus aplaude a Van Damme y llena los formularios para las casas
y los microcréditos.
Van Damme y el Niño Divino, dos mentiras verdaderas. Por ahora, nos queda
rechazarlas en nuestra honestidad cotidiana, en nuestro voto digno por un
candidato digno, en nuestro sueño de que, algún día, aquellos y nosotros
seremos capaces, por fin, de juntar nuestras manos y construir el puente
para avanzar hacia la conquista del cielo terrenal.
------------ próxima parte ------------
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